lunes, 18 de enero de 2010

HAITÍ: TODOS UNIDOS EN LA DESCORDINACIÓN GLOBAL


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Si bien los desastres naturales son algo que afecta a nuestro planeta desde el principio de los tiempos, algunas zonas parecen tener especial predisposición a ellos, y así Haití además de encontrarse en zona de paso de Huracanes, se encuentra enclavada en una zona sísmicamente inestable donde chocan las placas del Caribe y la de Norteamérica.

Curiosamente, esta zona ya fue asolada hace millones de años por un enorme tsunami, que pudo ser originado por la caída de un enorme meteorito al encontrarse en Haití residuos de iridio (elemento químico que se encuentra en proporciones más altas en asteroides y otros objetos extraterrestres). La hipótesis que defiende la extinción de los dinosaurios por la caída de este meteorito es conocida como hipótesis de los Álvarez, debiendo su nombre al físico Luis Álvarez (Premio Nobel) y a su hijo Walter (geólogo) que postularon que la extinción de los dinosaurios se debió al impacto hace 65 millones de años de un meteorito en la península del Yucatan, el cual dejo un cráter de 170 Km de diámetro conocido como el cráter en Chicxulub.

Y es que nuestro planeta que vio desaparecer especies como los dinosaurios, también es insensible a la muerte de los humanos que amenazan su propia supervivencia, castigándonos con terremotos, volcanes, inundaciones, tsunamis, huracanes, ciclones, tornados y otras calamidades como epidemias, pandemias y políticos (siéntanse aludidos solo los incompetentes, corruptos, megalómanos, tiranos y otros especimenes que en ocasiones ejercen un poder destructor contra su propia especie similar a las calamidades anteriormente citadas).

Quizás hay quien piense que las plagas son un castigo divino, como las celebres que sufrió Egipto, o que Sodoma y Gomorra fueron aniquiladas por un Dios inmisericordioso, o que el culto al vudú (religión oficial en Haití) a puesto a el país más pobre del continente americano en el ojo de Dios, pero la realidad es que es nuestro propio planeta, el mismo al que agredimos, el que estornuda y se estremece eliminándonos sin el más mínimo reparo.

Sin embargo la raza humana, esa misma que no se pone de acuerdo para evitar las emisiones de gases de efecto invernadero, peleándose por mantener cuotas de contaminación, es capaz de los más grandes esfuerzos de solidaridad.

De tal manera cuando la desgracia se cierne sobre alguna parte del planeta, es increíble como los individuos se convierten en colectivos que aúnan esfuerzos para arañar vidas entre la muerte y para llevar todo tipo de bienes de primera necesidad que permitan a las victimas de las catástrofes subsistir.

Y sin embargo, aunque las catástrofes se suceden y es previsible que vayan en aumento, llama poderosamente la atención la descoordinación de los esfuerzos solidarios, el descontrol y el caos que impera en Haití.

Quizás como no soy doctor no debo emitir recetas, pero lo que si puedo es no entender, y no entiendo:

1. Por qué no existe un protocolo preciso y coordinado por la ONU para las catástrofes. Quizás primero deban de llegar los equipos de rescate, luego poner los medios para distribuir la ayuda humanitaria, estableciendo puntos seguros de reparto, y luego se debería distribuir la ayuda.

2. Por qué todos los países envían ayuda humanitaria de urgencia si no se puede distribuir por falta de combustible e infraestructuras.

3. Por qué existen tantas banderas entre la desolación, cuando una única bandera azul con estrellas y un único casco o boina azul deberían de ser distintivos suficientes.

4. Por qué no se crea un mando militar rotativo, con capacidad de movilización de unidades militares de zapadores, médicas y de antidisturbios de los países integrantes de la ONU.

5. Por qué un haitiano puede aparecer en las noticias aplastado, carbonizado o en estado de putrefacción y no se vieron los cadáveres de los atentados del 11 S.