lunes, 16 de marzo de 2009

Un acelerador en la combustión del sistema capitalista: El seguro de crédito

Los seguros de créditos analizan la solvencia de los créditos entre empresas, fijan indemnizaciones en caso de impagos y gestionan el recobro de los impagos.

Si bien, en un contexto de crecimiento económico son herramientas de gran utilidad, en la actualidad actúan como una especie de acelerador en la combustión del sistema económico, apalancando aun más si cabe la enferma economía.

Imaginemos, por poner un ejemplo, que un 30% de los conductores de un país conducen borrachos perdidos (porcentaje equivalente al de PYMES a las que se les ha denegado un crédito en febrero de 2009), y un 60% conducen bajo los efectos del alcohol, en este contexto ante una importante previsión de siniestralidad las compañías aseguradoras lógica y legítimamente subirían las primas y restringirían al máximo la realización de seguros.

Pues con los seguros de crédito la situación es muy similar, ante una previsión de importante siniestralidad se suben las primas y se restringen al máximo los riesgos asegurados. Este comportamiento aunque legitimo es muy peligroso ya que en las últimas décadas estos seguros se han constituido en una herramienta imprescindible en el tráfico mercantil.

¿Qué pasa entonces?, pues que muchas empresas siguen sus directrices a rajatabla y cuando la compañía reclasifica un cliente y deja de darle riesgo, se exige al cliente el pago al contado, con lo cual si la empresa cliente tenia problemas de liquidez ahora se acentúan y seguir con la actividad sin el crédito de los proveedores se hace tarea imposible.

Se hace por tanto imprescindible regular el funcionamiento de estas empresas y la intervención de los gobiernos para asegurar el afianzamiento de los créditos entre las empresas, ya que la restauración de la confianza en el tráfico mercantil es un factor clave para la reactivación económica.

4 comentarios:

  1. Felicidades por el blog, y una especie de suerte y sorpresa agradable que en La Vanguardia hayan anunciado tu espacio. Es muy curioso y valedero los comentarios que haces, desde la óptica irónica o las necesidades puntuales para palear o destrabar esta maquinaria que cruje semana tras semana. Me preguntaba qué relación guardaría con “La gran depresión” que hubo en Estados Unidos a principios del centenario pasado, salvando las distancias.
    Está claro que no soy ni un experto ni un gran entendido en la materia; es un poco arriesgado creer que como uno se administra dentro de su hogar o con su “economía de bolsillo” pueda magnificarse hasta las grandes esferas del consumo mundial, buscando la explicación valedera para entender el tipo de epidemia o enfermedad que aqueja a tres cuartos del mundo (el otro cuarto parece estar acostumbrado, y es simplemente otra crisis más). Pero de todas maneras participaré en tu blog, porque me hace ilusión la búsqueda de alternativas en lugar de la queja y el reclamo.
    Reitero que como poco sé del Nasdaq, las motivaciones que devalúan el precio del dinero, por qué antes me dabas y ahora me pides diez avales, me limitaré a la versión callejera o doméstica de cómo se vivencia esta crisis.
    A la hora de repartir culpas de parte del público, me asombra que éstas apunten directamente a los bancos y a los gobiernos por permitir las bondades que tuvieron las entidades crediticias. Cuando planteo que cada uno eligió hipotecarse (en cuyo caso alegan que es la única manera de tener la vivienda propia), y que lo que valía veinte comenzó a cotizarse en veinticinco, también se vendía, entonces a treinta, también se accedía, y si llegó hasta cuarenta, hacemos de tripas corazón y nos metemos.
    Sigo creyendo que somos los consumidores los que, felices de las posibilidades que nos daba el banco, hicimos esta bola de nieve gigante. Entiendo que los bancos hicieron su negocio, hasta que cayeron en cuenta que estaba dejando de serlo, por los morosos, impagos y demás variables que “cerraron” el grifo. Por situaciones como estas, la empresa donde trabajaba tuvo que “aligerar equipaje”, y me vi en la calle junto con otros tantos compañeros. La falta de liquidez, los pagarés que no se cambian; los “sí hay dinero, pero las condiciones se endurecieron” que me comentaron en el banco…
    Fue el consumismo desmedido, el ganar nueve y endeudarse como si toda la vida se fuera a ganar nueve (Dios libre durante treinta o cuarenta años -lo que dure la hipoteca- a quien ganaba nueve porque hacía horas, de sufrir una baja de cuatro o cinco meses, y pase a ganar cinco). Entiendo que estos aires son los que inflaron el globo, y ahora, cuando hay que mirar dónde está ese globo, es mejor repartir culpas en otras direcciones.
    Es necesario el consumo para mantener la maquinaria que se puso en marcha; pero cuando es desmedido y poco cauteloso, los efectos dominó suelen ser desesperantes y provocadores de insomnios. Y realmente no me queda claro que las personas, la sociedad, aprenda de estos detalles que fue moldeando, para que no le vuelva a ocurrir. Y el ejemplo más callejero está en los restaurantes, a la carta o de menú, donde al ver los platos y las sobras uno jamás diría que hace sesenta años gran parte de la sociedad pasó penurias. Hay quienes sostienen que quien no usa la cabeza, usa el bolsillo. Pero cuando el grifo se cierra, se complica para todos los sectores. Un saludo enorme, y gracias por el espacio que tienes.

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  2. Es interesante mencionar el estudio de Arkeloff, sobre la información asimétrica(su ejemplo estaba aplicado en el mercado de automóviles, mark lemmon)

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  3. Recomiendo la lectura del libro:EL capitalismo que viene del prf.Urrutia (enlace desde articulosclaves.blogspot.com y debate en brujulaeconomica)

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  4. Un mes despues de la publicación de este post el gobierno saca un decreto para avalar a las aseguradoras. Ahora solo falta que no hagan como los bancos.

    http://www.riesgoymorosidad.com/el-estado-avalara-a-las-aseguradoras-de-credito/

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