lunes, 5 de octubre de 2009

MAS DE 100 AÑOS DE BURBUJAS ESPECULATIVAS


Quisiera destacar el siguiente artículo de Albino Prada publicado en La Voz de Galicia el 05/10/09.


De 1909 al 2009: Rudolf Hilferding

Rudolf Hilferding, que fuera por dos veces ministro de Hacienda en Alemania, publicó en 1909 El capital financiero. Murió en París, encarcelado por los nazis, en 1941. En la introducción de su libro -se cumplen ahora cien años-justificaba acometer «un análisis tanto o más urgente por el rápido crecimiento y la influencia, cada vez mayor, ejercida por el capital financiero en la fase actual del capitalismo». Permítaseme citar aquí su cuarta parte, titulada El capital financiero y las crisis.


Para Hilferding, ya entonces, durante un tiempo (la fase expansiva del ciclo), la demanda creciente a través del crédito permite la expansión de la producción. A eso ayudan bajos tipos de interés, la concentración bancaria o la efervescencia de los mercados bursátiles, de forma tal que «las cotizaciones de las acciones han aumentado a consecuencia del rendimiento creciente. Se ha extendido continuamente la especulación que, en total, no ha registrado hasta ahora más que ganancias. Las ganancias especulativas despliegan su fuerza propagandística... con la mayor participación del público aumenta el número de los que ejercen su especulación sin medios propios o muy por encima de sus propias posibilidades».


A esa fase suele suceder «la quiebra del sistema de crédito [...] reconoce ahora como único medio de circulación el dinero en efectivo y, al mismo tiempo, [...] tiene lugar un atesoramiento masivo del dinero a consecuencia del pánico». Es entonces cuando «la Bolsa ha perdido sus creyentes y como la fe se ha convertido en un negocio, el negocio de la fe es cada día menor». Lo que puede «acarrear acaso la caída de uno de los grandes bancos de Alemania». Añadía cómo, ya de aquella, «se hace cada vez más intensa la interdependencia internacional de los procesos económicos [...] Así, los fenómenos de la crisis europea más reciente de 1907, por ejemplo, no se pueden comprender más que por repercusión de la crisis americana».

Cien años después, en el 2007, en su La ciencia humilde (Editorial Crítica) uno de nuestros más sensatos economistas de nuevo resumía la secuencia de una burbuja: 1) un activo (inmuebles, por ejemplo) se pone de moda y todos los inversores quieren tenerlo, 2) se compra con la intención de revenderlo y a ser posible con dinero prestado, 3) la cotización se aleja de cualquier estimación razonable, 4) los bancos exigen más garantías o la devolución del préstamo, 5) la gente no quiere oír hablar de ese activo y nadie quiere comprarlo.

Y añadía: «En un mundo en el que los capitales se mueven libremente una burbuja generada en un país puede causar víctimas en otros: este es el caso de aquellos inversores extranjeros que se han dejado seducir por el activo de moda». Las crisis financieras y las burbujas especulativas llevan ya, por tanto, más de cien años entre nosotros. Y, como se ve, no viven en Babia (despistados) todos los economistas

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