viernes, 24 de diciembre de 2010

FELIZ NAVIDAD

Cuando el último suspiro se va,
atrás queda,
toda una vida de acumular,
toda una vida sin mas.

Y en el no tiene cabida
nada material,
pero si la alegría
de haber vivido en paz.

En paz con uno mismo
y en paz con los demás,
sin amarrarse en exceso
a nada material,
que nos lastre en el camino
hacia nuestra libertad.




El dinero ayuda a ser feliz, sería de necios decir lo contrario, aunque más que su mera posesión lo que nos hace felices es poder disfrutarlo, tener con quien gastarlo y saber cómo hacerlo.

Todo lo que podamos tener no tiene ningún valor si no tenemos con quien compartirlo. El ser humano tiende a compartir con su entorno más intimo sus dichas y desdichas, sus proyectos e ilusiones, sus miedos y preocupaciones, sin embargo compartir el dinero es algo que cuesta más. Y es que la fiebre del oro tiende a transformar el carácter de la gente, siendo muchas veces las herencias y los grandes premios de loterías la desgracia de muchas familias.

La avaricia generalmente es sinónimo de soledad, al hacernos prisioneros de un mundo vació de sentimientos en el que se antepone lo material a los sentimientos del alma.

Detrás de muchas grandes fortunas se esconden personas extravagantes, tacañas y muy avariciosas.

Un caso especialmente lastimoso fue el de Hetty Robinson. Hetty también conocida como la bruja de Wall Street heredó a los 30 años 7,5 millones de dólares, a su muerte en 1916 dejo una fortuna de más de 100 millones de dólares.

No obstante su miseria humana fue equiparable a su fortuna. Nunca se compró una casa y vivía con sus dos hijos en hoteles baratos, no gastaba apenas en ropa y llevaba siempre un largo vestido negro que lavaba solo por la parte más sucia para ahorrar jabón. Nunca tuvo una oficina y usaba una mesa dentro de los propios bancos cambiando su dinero de banco si en alguno se quejaban.

A los 33 años se casó con el millonario Edward Green con el que tuvo dos hijos, y del cual se separó cuando este tuvo dificultades económicas. Pero lo peor estaría aun por llegar y cuando su hijo Ned se rompió una pierna ella no quiso pagar a un doctor, la pierna se le gangrenó y tuvieron que amputársela.

Murió a los 81 años después de un derrame cerebral tras una discusión con una tendera por el precio de la leche.

Otro caso curioso es el del magnate del petróleo Paul Getty, que a pesar de su enorme fortuna hizo instalar cabinas de pago en su mansión para que quien quisiera hablar pagase por ello, pero lo peor fue cuando en 1973, su nieto, J. Paul III, fue secuestrado y se negó a pagar el rescate hasta que le enviaron una oreja cortada.

De que nos vale tener cientos de millones en un Banco si vivimos como miserables para tener ciento uno. Y es que la angustia a perder la fortuna, nos puede hacer esclavos del dinero e impedir que lo disfrutemos generando una sed de avaricia que guiará nuestra vida por el camino de una miseria peor que la pobreza, la miseria del alma.







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