martes, 11 de enero de 2011

SE INAUGURA LA CIUDAD DE LA INCULTURA EN EL GAIÁS DE SANTIAGO DE COMPOSTELA

Hoy se inaugura la ciudad de la incultura en el monte Gaiás en Santiago de Compostela, porque aunque no discuto su valor arquitectónico, incultura es:

• Estimar el coste de la obra inicial en 108 millones y a día de hoy haber gastado cinco veces más de lo previsto, sin tener en cuenta que todavía faltan por levantar dos edificios y solo se han concluido las obras en dos de ellos de los seis previstos, y sin contar el remate de las vías y plazas que imitan las empedradas calles de Compostela. Esto es una grave incultura presupuestaria. Con el sobre coste de la obra se podría haber realizado el Hospital de Vigo y aún sobraría dinero, ahorrándose a su vez los 450 millones de más que costara su construcción con el modelo de concesión.

• Estimar el fin de las obras en 2005 y cinco años después haber rematado solo dos de los seis edificios contratados y llamarle a esto "posibles fallos de coordinación".

• Utilizar cuarcita de Brasil en lugar de la autóctona que pidió el arquitecto. Esto es una incultura geográfica, Brasil no es Galicia.

• Gastar 500 euros en cada silla de la biblioteca mientras los investigadores que se forman en nuestra comunidad tienen que emigrar para encontrar un trabajo acorde con su formación. Con 500 € también se pueden comprar camas para hospitales o butacas para los acompañantes de los pacientes que duermen en muchas ocasiones en butacas destartaladas si la hay.

• Hacer una "ciudad de la cultura" sin tener un programa de contenidos cerrado.

• No saber medir midiendo el conjunto un 112,1% más de lo declarado ante la inspección medioambiental (13,01 hectáreas en lugar de 6,13). A cualquier particular que hubiera hecho esto a buen seguro le demolerían su casa.

• No paralizar las obras de los dos edificios pendientes en el contexto de crisis económica actual. Ya que cuando no hay para sanidad no es de recibo hacer edificios para operas y auditorios. A no ser de que lo que se pretenda es bajar la esperanza de vida para sanear el sistema público de pensiones.

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